
El 21 de noviembre se dio a conocer que la economía mexicana registró una contracción del Producto Interno Bruto del 0.3% durante el tercer trimestre del año, marcando uno de los puntos más delicados del panorama económico reciente. Analistas señalaron que esta caída, aunque moderada, encendió las alarmas debido a que se suma a signos previos de desaceleración, particularmente en sectores como la construcción, la industria manufacturera y el comercio.
Esta contracción trimestral fue interpretada por especialistas como una posible señal temprana de recesión técnica si la tendencia negativa persiste en los últimos meses del año. La volatilidad externa, incluyendo fluctuaciones en el precio del petróleo y presiones inflacionarias, ha influido en el comportamiento económico nacional. A ello se suman factores internos como la reducción en inversión privada y la incertidumbre previa a la transición gubernamental.
El gobierno federal aseguró que trabaja en estrategias para apuntalar sectores productivos mediante incentivos, inversión pública en infraestructura y programas sociales enfocados al consumo interno. No obstante, el reto sigue siendo recuperar la confianza empresarial y estabilizar el crecimiento.
Mientras tanto, organismos financieros recomendaron cautela y vigilancia sobre indicadores clave como empleo, inflación y exportaciones. La noticia generó un debate sobre el rumbo económico del país en el corto plazo, especialmente porque México había mantenido trimestres de crecimiento sostenido. La caída del 0.3% coloca al país en un punto de inflexión que requerirá decisiones estratégicas para evitar un deterioro mayor en los próximos meses.




